Recordar es vivir

Dulces, Galletas y el mecato de antes.

El mecato es un alimento ligero que se consume entre comidas, a menudo mientras se realiza alguna actividad, aunque muchos lo consumían solo por el placer de mecatear.

Colombia ha sido un país de mecateros.

Pero el mecato de antes era más sano y económico que el de ahora.

Echemos un vistazo a nuestro pasado…

El mecato como tal apareció hace muchos años en nuestro país, las extensas horas labriegas que impedían ir a tomar algún alimento a la casa, estimularon la costumbre de llevar algo ligero de comer,  fácil de digerir y renovador de energías. Por lo general se llevaba agua de panela y arepa, era lo más cómodo y rápido de consumir, porque para el mecato no se asigna tiempo, es solamente hacer un alto en el trabajo y consumir el tentempié.

Los estudiantes llevaban mecato al colegio o lo conseguían en la tienda del mismo, ese mecato eran papas saladas, huevos duros, arepa de huevo, mantecadas, las famosas cucas negras, avena, o algún refresco o los clásicos Sandys.

Las Frunas eran los dulces de moda, los bombones de leche, las cocadas, chancacas, y los más sofisticados consumían el naciente salchichón con pan, la única marca existente era Zenú. Como olvidar los coquitos de color zapote, las gomitas de colores, los smarties, los bombones puntiagudos, los cigarrillitos de dulce,

Las loncheras todavía no estaban en su furor, por eso tenían tanto auge las tiendas de colegio, donde además se conseguía toda clase de “fritanga matutina” buñuelos, trasnochados, pandebonos, dedos de queso, empanadas, aborrajados.

En las tiendas se vendía un mecato típico de esa época: los famosos Comapan, los auténticos Chitos de Jack Snacks, el tarrito de la lechera metálico el de abrir con puntilla,

Los pasteles Ramo, la gamuza, las crispetas empacadas en bolsitas, la Chocolatina Jet, los caramelos largos que eran envueltos en una cinta de papel blanco, los bombones caseros de coco, panela y maní.

Otros preferían el típico pan y gaseosa. Pero era un mecato más casero sin conservantes ni aditivos, ni saborizantes, los trabadores siempre llevaban su mecato, llevaban la típica caneca de aguardiente llena de agua de panela o café, acompañada de panes, tostados y en casos extremos carne y arroz…es aquí donde el mecato se convierte en fiambre.

Debemos aclarar que el fiambre  era la comida que nos preparaban para llevar al paseo y era casi siempre: arroz, carne o pollo, la infaltable papa salada, el huevo duro cocinado y agua de panela o gaseosa.

Y no debemos confundir mecato con merienda, porque la merienda es ya una comida más ligera, pero que requiere de un tiempo y un espacio para consumirla, mientras que el mecato te lo comías mientras tomabas un respiro en tu labor.

 

Les vamos a contar la historia de algunos de estos dulces y delicias de antes.

La Pony Malta nació en junio de 1953, por ejemplo. Los niños para la que fue pensada ya deben tener más de 60. “La idea dice Fernando Jaramillo, exvicepresidente de asuntos corporativos de Bavaria es que fuera una bebida basada en efectos nutritivos de la malta. Le pusieron Pony porque pensaban que fuera pequeña, como el caballito”.

El Chocoramo cumplió sus primeros 45 años. El cuento está detrás de dos hombres, Rafael Molano y Olimpo López, el pastelero.

El Ponqué ramito y la Gala llegan a los 54 años. Solo que el más vendido por la empresa hoy, el que les da el 80 por ciento de las ganancias, es el Chocoramo, el que nació con la idea de un hijo de don Rafael de bañar la Gala con chocolate y el que, en las primeras pruebas, se partía por el peso del chocolate. Don Olimpo no se amilanó e intentó hasta lograr la mezcla secreta. Los años les han pasado a ellos, porque el de chocolate está como ayer.

Si de recuerdos se trata, quizá en su memoria tenga alguno con las galletas Festival. El nombre llegó en 1955, porque al principio, en 1948, era Gloria. “Eran galletas muy sencillas, dulces. Todavía no eran cuadradas y la presentación era en tacos”, conto Daniel Upegui, jefe de marca de Noel.

Solo en el 80 se volvió redonda y un poco después, se les ocurrió lo de los sabores y lo de volverlas individuales.

Pensaban en portabilidad, en los niños y jóvenes, que se antojaran y las llevaran a estudiar. Fue cuando llegó la crema. Hubo piña, mora y hasta maracuyá y, por supuesto, los tradicionales fresa, vainilla, chocolate y limón. Por supuesto, no todos los sabores son para todos los gustos. Juan Felipe Carvajal, también ingeniero, se acuerda de que cuando estaba pequeño cruzaba los dedos para que hubiera en la tienda Festival de chocolate y no de limón.

Los dulces que ya son casi eternos, son más. Su abuelita pudo ser una niña de las que se encantó con las frunas. Aparecieron en 1941. La fórmula la trajo Emilio Stern, de Alemania y, desde Venezuela, donde vivía, le fue diciendo a Noel cómo se hacían, sino era que venía con su esposa y sus hijos a fabricarlas. Lo importante era la textura y esa posibilidad de mascar y mascar y pegotiarse un poco, pero no pegarse tanto.

Noel adquirió la receta y la produjo mucho tiempo, pero después pasó a la Nacional de Chocolates y hace poco, Aldor se quedó con este producto que no ha cambiado, aunque tenga más sabores y otros empaques.

Al Bon- Bon Bum le pasa parecido. El nombre de la empresa que hace que a cualquier dulce se le diga de esa manera, Colombina, nació por la época de los años 30  con confites, pero el bombón famoso llegó en los años 70, triplicando las ventas en un solo año. El primer Bon -Bon Bum fue de fresa y lo novedoso era que cuando se iba el dulce aparecía el chicle, como toda una sorpresa. El cabezón de los dulces ya tiene 50 años.

La que no se queda atrás, ya con sus 55 cumplidos, es la chocolatina Jet. El cuento inicia en 1962 y aparecieron juntos: el álbum y la negrita de chocolate. Ese año llegaron al país los primeros aviones de turbina y eran la sensación. Ese año también, el gerente de la compañía, el doctor Muñoz, viajó a Bogotá, se encontró unas máquinas viejas, las trajo a Medellín, las adaptó y empezó la producción de la Jet, así, con el nombre del avión. “Básicamente sigue siendo la misma. El sabor se mantiene”, comenta Alejandro López, jefe de marca.

Son muchos los que ya se acercan o pasaron los cincuenta y que guardan ese sabor de toda una vida. Hay más, por supuesto. Quizá piense en el Barrilete, el Motitas, el Súpercoco, las galletas Wafer, las Minichips, los Maicitos y sucesivamente así. Un mundo dulce de anécdotas, de buenos tiempos, o de no tan buenos, como esa vez que la tía Anita de Laura Castro le empacó a sus hijas pequeñas, en el afán, unas cervezas en lugar de la Ponymalta.

Hoy día el mecato es sinónimo de  Snacks, jugos envasados, papas y toda clase de chucherías llenas de preservativos y con todos los sabores del mundo, hoy día consigues papas con sabor a limón, pollo, mayonesa, crispetas en todos los colores y sabores, gaseosas en mil marcas, dulces de todos los tamaños y presentaciones…todo lleno de colorantes y saborizantes artificiales.

Usted cual mecato recuerda…