Recordar es vivir

 

Hoy vamos a recordar costumbres, manías, agüeros o supersticiones.

Nuestras costumbres se han transmitido de generación en generación, pero de un tiempo para acá  esas tradiciones se han perdido y todo por un efecto muy delicado: la pérdida de la familia. La familia cuando estaba unida compartía todas las tradiciones y costumbres por eso muchas de las que vamos a mencionar  serán extrañas para los más jóvenes.

Comencemos:

Era costumbre obligatoria cubrir los espejos con un trapo cuando hacia tempestad, porque según decían los rayos se reflejaban y podían caer en ese sitio.

 

Otra…cuando un perro estaba evacuando sus  “SS” algunos ociosos hacían cadena con sus dedos apretando dicen que para detener el proceso de evacuación.

 

Algunos optimistas cuando les rascaba la palma de la mano derecha se ponían felices porque les llegaría plata si era la izquierda le iban a cobrar.

 

Pero había otra connotación para un acto similar: si usted le rascaba la mano a una persona cuando lo saludaba, era considerado como una invitación de carácter sexual.

La medicina popular decía que si tenías un orzuelo debías conseguir un huevo recién puesto y colocarlo caliente sobre el ojo.

Algunos supersticiosos colgaban una mata de aloe vera o sábila arriba de la puerta de entrada, era buena suerte y retenía las malas energías.

Los mismos supersticiosos colocaban herraduras detrás de la puerta.

Según la leyenda, Dunstan era un herrero que gracias a su fe llegaría a ser arzobispo de Canterbury en el año 959 d.C. Éste, recibió un día la visita de un hombre que le solicitó unas herraduras para sus pies, unos pies con una forma sospechosamente parecida a las pezuñas de los animales. Dunstan reconoció inmediatamente en el figura de ese hombre a Satanás, y le explicó que para realizar tal trabajo era necesario encadenar al hombre a la pared. De este modo San Dunstan realizó un trabajo tan doloroso sobre el diablo encadenado, que a éste no le quedó más remedio que pedir misericordia. El herrero se negó a soltarlo hasta que el diablo juró solemnemente no entrar nunca en una casa donde hubiera una herradura colgada sobre la puerta.

 

Suerte era encontrarse un trébol de 4 hojas.

Abrir un paraguas dentro de la casa, era considerado de mala suerte. A pesar de que los paraguas no fueron introducidos en Europa hasta el siglo XVII, la superstición y el atribuir mala suerte al abrir el paraguas dentro de casa remonta a tiempos más antiguos. Los reyes africanos y orientales los usaban como sombrillas para protegerse de los rayos del sol, considerado a su vez un símbolo divino. Así, cuando alguien abría el paraguas en un lugar donde no había sol, sombreado, se consideraba todo un sacrilegio.

Derramar sal era catastrófico y regalarla ni riesgos. Es creencia popular que la contramedida más eficaz a la mala suerte provocada por el derrame de sal es que se tome una pizca y arroje por encima del hombro izquierdo. Una de las explicaciones más difundidas de que sea poco afortunado derramar sal, es que Judas Iscariote derramó la sal durante la Última Cena. ​ El cuadro de Leonardo da Vinci titulado La Última Cena muestra a Judas Iscariote derramando un salero sin intención.

Tocar madera. Para los cristianos, la cruz de madera en la que fue crucificado Cristo posee un especial poder mágico. Tocar la madera de la cruz era antiguamente un símbolo de protección frente a todo tipo de males. Simbolizaba una forma de súplica para pedir protección.

Soplar una pestaña  y tirarla por el hombro izquierdo. En la Edad Media existía la creencia de que el Diablo coleccionaba pestañas, por lo que cada vez que a alguien se le caía una pestaña se consideraba un mal augurio. Para espantar la mala suerte, había que coger la pestaña, ponerla en el dorso de la mano y arrojarla por encima del hombro izquierdo, o bien ponerla sobre la punta de la nariz y soplarla. La creencia del diablo se ha perdido, pero actualmente seguimos conservando la superstición de pedir un deseo al soplar una pestaña caída.

Soplar todas las velas de cumpleaños. Esta superstición completamente integrada en las costumbres actuales proviene de la Alemania de la Baja Edad Media. Fue en esa época cuando se empezó a instaurar la costumbre de colocar en los pasteles de cumpleaños tantas velas como años se cumplían. La singularidad que se ha perdido es que se colocaban tantas velas como años más una vela de más que simbolizaba la prosperidad del próximo año, y era la que resultaba fundamental apagar para obtener la buena suerte.

Cruzar los dedos. Cruzamos los dedos cuando incumpliremos lo que juramos, cruzamos los dedos para protegernos de la mala suerte, y cruzamos los dedos cuando pedimos por favor que nuestro deseo se cumpla. El origen de esta superstición se remonta a una costumbre anterior a la era cristiana mediante la cual dos personas entrelazaban sus dedos índices para expresar un deseo y su juramento de ayudarse a cumplirlo mutuamente.

Entre las cosas que han pasado de moda, están los famosos secadores que utilizaban los salones de belleza. Eran como un casco enorme y las mujeres metían su cabeza en el para secar su cabello.

Entre otras cosas curiosas pasadas de moda están matar un grillo era también de mala suerte, igualmente vender los regalos que le daban, perder un guante.

Si te rascan las orejas, seguro están rajando de ti.

Quitarle el niño a San Antonio y retenerlo hasta conseguir novio.

Que el novio no podía ver el vestido de la futura esposa

Que regalar cadenas a la persona  amada era fatal.

Ojo con barrer los pies de alguien porque no se casa.

Matar un gato eran siete años de mala suerte

Ver un trasteo significaba pedir un deseo

Ver una mujer embarazada.

Echar azúcar para atraer las buenas energías y la gente.

Cruzar los cuchillos y tenedores

Poner una escoba detrás de una puerta para espantar las visitas cansonas

Para quitar las verrugas coger granos de maíz y tirarlos al rio.

Ver mariposas negras  era señal de muerte

Oír cantar un pobre pájaro también era augurio de fatalidad.

Regalar pañuelos era mala suerte.

La medicina casera decía que había que coger un pobre sapo sobarlo en la parte afectada y colgarlo hasta que muriera.

El luto era riguroso y una viuda podía vestir de negro por años.

Que si una mujer con el periodo o embarazada veía batir el manjarblanco, este se dañaba.

Que había personas con mirada tan fuerte que hacían ojo a los niños y secaban las plantas.

Acostumbrábamos a pedir deseos con el huesito  de la gallina.

Que lavar los carros atrae la lluvia.

Que para evitar males, colocarse la ropa interior al revés

Decir Jesús o salud cuando alguien estornuda.

Dejar las tijeras abierta es de mala suerte

Colocar el bolso en el suelo.

Barrer la casa de noche o barrer hacia la calle.