Las rogativas en la iglesia de occidente

Las Rogativas se extendieron rápidamente de las Galias a toda la Iglesia de Occidente. Estaban ya establecidas en España en el siglo VII y no tardaron en introducirse en Inglaterra y más tarde en las nuevas iglesias de Germania, a medida que se iban fundando. La misma Roma las adoptó en 801, en el pontificado de San León III.

Poco tiempo después, cuando las Iglesias de las Galias, habiendo renunciado a la liturgia galicana para adoptar la de Roma, admitieron en sus usos la Procesión de San Marcos. Pero existía esta diferencia, que en Roma se conservó en la Procesión del 25 de abril el nombre de Letanías mayores, reservando el de Menores para las letanías de Rogativas; en cambio en Francia se llamó a éstas últimas Letanías Mayores, y a las Letanías de S. Marcos se las conoció con el nombre de menores.

Pero la Iglesia romana, sin despreciar la devoción de las Iglesias de las Galias que se creyeron en el deber de introducir en el Tiempo pascual tres días de observancia cuaresmal, no adoptó este rigor. La repugnaba entristecer con el ayuno la alegría de cuarenta días que Jesús resucitado concede todavía a sus discípulos.

Se limitó pues, a prescribir la abstinencia de carne durante estos tres días, y tal fué su práctica a través de los siglos, hasta que en nuestra época el relajamiento de las costumbres cristianas la obligó a modificar su antigua disciplina en este punto. La iglesia de Milán, que como hemos visto, guarda tan severamente la Institución de las Rogativas, la ha colocado en el lunes, martes y miércoles que siguen al domingo en la Octava de la Ascensión, es decir, después de los cuarenta días consagrados a celebrar la Resurrección.

Así pues, es necesario, para conservarnos en esa auténtica norma de donde la Iglesia romana nunca se sale, considerar las Rogativas como una institución santa que viene a moderar nuestras alegrías pascuales pero no a anularlas.

El color morado que se emplea en la Procesión y en la Misa de la Estación, no tienen como fin indicarnos todavía la partida del Esposo; sino advertirnos que esta partida está próxima; y la abstinencia impuesta antiguamente en estos tres días, aunque no iba acompañada del ayuno, era ya como una señal anticipada de la tristeza de la Iglesia, por esta presencia del Redentor, que le iba a ser arrebatada tan pronto.

Hoy el derecho eclesiástico no menciona ya el lunes, martes y miércoles de Rogativas entre los días que obliga la ley de la abstinencia a los fieles’. Se vislumbra cierto decaimiento del sentido cristiano en las generaciones de nuestro tiempo, las súplicas de dispensa, hoy más numerosas, han impuesto este abandono de la antigua disciplina.

Es una expiación menos, una intercesión menos, un socorro menos, en un siglo ya tan empobrecido de los medios por los que la vida cristiana se conserva, se doblega el cielo, se obtienen gracias de salvación. Los fieles debían sacar en conclusión que la asistencia a las procesiones de la amistad de estos tres días ha llegado a ser más oportuna que nunca, y que urge compensar uniéndose a la oración litúrgica la abolición de una ley salvadora, que data de tan antiguo, y que en sus exigencias, pesaba tan suavemente sobre nuestra molicie. Una institución tan venerable, sancionada por las ordenanzas de la Iglesia y la práctica de tantos siglos, debe permanecer siempre en honor en esta Francia que, por su ejemplo, ha impuesto a toda la cristiandad la solemnidad de las Rogativas.

Según la disciplina actual de la Iglesia, las procesiones de las Rogativas, cuya intención es implorar la misericordia de Dios ofendida por los pecados de los hombres, y obtener la protección celestial sobre los bienes de la tierra, van acompañadas del canto de las Letanías de los santos y completadas por una Misa especial que se celebra, sea en la Iglesia de la Estación, sea en la Iglesia misma de donde ha partido la Procesión, a no ser que deba detenerse en cualquier otro santuario.

Medellín

Basílica de Nuestra Señora de las Misericordias en Santa Rosa de Osos Antioquia.

Catedral Basílica de Santiago Apóstol en Tunja Boyacá.

Basílica del Señor de los Milagros en San Pedro de los Milagros, ANTIOQUIA

Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá en la Estrella Antioquia

Basílica de Santo Cristo de Ubaté Cundinamarca.

Basílica Menor San Juan Bautista en Girón, SANTANDER.

Basílica Nuestra Señora de las Mercedes en Yarumal, ANTIOQUIA.

Basílica de Nuestra Señora del Carmen de la Ceja, ANTIOQUIA.

Basílica de la Inmaculada Concepción en Jardín, ANTIOQUIA.

Basílica Nuestra Señora de las Victorias en Santa Rosa de Cabal, RISARALDA.

Basílica de Nuestra Señora de las Mercedes en Chinchiná, CALDAS.

Basílica Nuestra Señora del Carmen de Frontino, ANTIOQUIA,

Basílica de Nuestra Señora del Rosario en Moniquirá, BOYACÁ.

Basílica del Santísimo Cristo Milagroso en Mompox, BOLÍVAR.

Basílica de la Inmaculada Concepción en Salamina, CALDAS.

Basílica Inmaculada Concepción de Manizales, CALDAS.

Basílica Concatedral de Nuestra Señora del Socorro en Socorro, SANTANDER.

Basílica de San Luis Gonzaga de Sevilla, VALLE DEL CAUCA.

Basílica de Nuestra Señora de Lourdes de Bogotá, DISTRITO CAPITAL.

Basílica Inmaculada Concepción de Cáqueza, CUNDINAMARCA.

En Colombia hay 9 Catedrales que también son basílicas.

Y en varias ciudades hay basílicas y también catedral. Lo que si no hay es una ciudad son dos Catedrales.

Para entenderlo mejor les contamos:

 

Basílica

Con independencia de su trazado arquitectónico, una iglesia puede titularse «Basílica» por prerrogativa del Romano Pontífice. Así, en sentido litúrgico, son basílicas todas aquellas iglesias que, por su importancia, por sus circunstancias históricas, o por aspectos de cierto relieve, obtengan ese privilegio papal. Se distinguen las basílicas mayores y las basílicas menores.

El término basílica proviene del latín basílica que a su vez deriva del griego  basiliké que significa ‘regia o real’, y viene a ser una elipsis de la expresión completa basiliké oikía que quiere decir «casa real».

Una basílica era un suntuoso edificio público que en Grecia y Roma solía destinarse al tribunal, y que en las ciudades romanas ocupaba un lugar preferente en el foro.

Más adelante, los cristianos aprovecharon la forma basilical y, en muchos casos, los propios edificios romanos para utilizarlos como recinto religioso oficial para la celebración de la liturgia.

Después de que el Imperio romano se volviese oficialmente cristiano, el término se usó también para referirse a iglesias, generalmente grandes o importantes, a las que se habían otorgado ritos especiales y privilegios en materia de culto.

En este sentido se utiliza hoy la denominación, tanto desde el punto de vista arquitectónico, como religioso.

La basílica romana tuvo múltiples usos, dedicándose a mercado, lugar de transacciones financieras, culto o, más ordinariamente, a la administración de justicia; también se utilizaba como lugar de reunión de los ciudadanos para tratar asuntos comunes.

En cuanto a su concepción arquitectónica, se trataba de una gran sala rectangular compuesta por una o más naves (siempre en número impar), en este segundo caso, la central era más ancha y alta y estaba soportada por columnas. La diferencia de alturas se aprovechaba para abrir huecos de iluminación en la parte alta de los muros. En uno de los extremos de la nave principal existía una exedra o ábside, donde se instalaba la presidencia, mientras que la entrada se efectuaba por el extremo opuesto a través de un pórtico.

Cuando el papa eleva a una iglesia a la condición de Basílica Menor le otorga el derecho a lucir en el altar mayor dos signos de la dignidad papal y la unión con la Santa Sede: el conopeo o umbraculum y el tintinábulo (ambos visibles en la imagen).

A pesar de esto, hoy en día, la normativa vigente sobre las basílicas no se pronuncia en ningún momento sobre el derecho a utilizar el conopeo y el tintinábulo, ya que actualmente no existen litúrgicamente.

Además, el Santo Padre concede a la comunidad que rinde culto en la Basílica la gracia de ganar la indulgencia plenaria si visita el templo en cuatro ocasiones especiales: el día de San Pedro y San Pablo, el día de la Cátedra de San Pedro, el aniversario de la entronización del pontífice reinante, y otra fecha del año elegida libremente.

También existen basílicas que se consideran tales por «concesión inmemorial», es decir, que no necesariamente han sido declaradas con esta dignidad por el Papa, pero que sin embargo, la Santa Sede las reconoce como basílicas, generalmente por ser templos relacionados con lugares en donde tuvieron lugar los hechos de la Pasión de Cristo, y por ser o estar construidas sobre basílicas paleocristianas en donde han sido enterrados mártires.

Todas las basílicas de «concesión inmemorial» son consideradas basílicas menores, menos las cuatro basílicas mayores de Roma, que también son de «concesión inmemorial». En esta categoría estarían las basílicas de la Natividad, del Santo Sepulcro o la de las Naciones, también la Catedral-Basílica de Florencia, la Basílica de San Francisco de Asís y la de San Antonio de Padua, o la Catedral-Basílica de Santiago de Compostela, entre otras.

Para que un templo pueda alcanzar el título basilical, debe reunir tres requisitos:

Ser un templo de excepcional esplendor, levantado con un perfil destacado;

Ser el foco espiritual de una comunidad que es santuario para la multitud de devotos que acuden a él;

Poseer un tesoro espiritual y sagrado, dando culto ininterrumpido al Señor, a la Virgen y al Santo venerado en él.

También se asocian al templo ciertos deberes, entre ellos:

Que el oficio celebrado en ella sea un ejemplo para los demás templos de la Diócesis a la que pertenece;

Promover la formación bíblica y religiosa de los fieles, como el estudio y divulgación de los documentos con los que se propone el magisterio del Sumo Pontífice;

Obligación de celebrar las fiestas de la Cátedra de San Pedro (22 de febrero), de San Pedro y San Pablo (29 de junio), y el aniversario de la exaltación del Sumo Pontífice.

Antiguamente se referenciaban siete basílicas mayores, pero hoy día solo existen cuatro:

Basílica de San Juan de Letrán, la catedral del papa como obispo de Roma

Basílica de San Pedro del Vaticano, asignada antiguamente al Patriarca de Constantinopla, hoy usada por el papa como cabeza de la Iglesia Católica

Basílica de Santa María la Mayor, asignada antiguamente al Patriarca de Antioquía

Basílica de San Pablo Extramuros, asignada antiguamente al Patriarca de Alejandría.

Se consideran basílicas menores al resto de las iglesias romanas que tienen funciones parroquiales o bien son títulos cardenalicios o diaconías.

Con esta explicación dejamos claro que en el mundo hay muchas, pero muchas ciudades que tienen Catedral y Basílicas al mismo tiempo.

Buga sin el Milagroso, ni el Manjarblanco se vendería